¡Bienvenida camada G! 💝

Apenas unas horas después de publicar nuestra última entrada en el blog, y pasado el mediodía, Mamba empezó a tener más temblores, a estar más inquieta, y sin duda estos fueron los signos que precedieron a las primeras contracciones, de más leves a más acentuadas y recurrentes; dando inicio a la segunda fase de parto. Fuimos dejándola sola y tranquila en la paridera, ya preparada con toallas y empapadores, con luz tenue y en un entorno silencioso y relajado; porque el parto era cada vez más inminente.

De pronto, alrededor de las 16:30h, Mamba empezó a empujar, y vimos que el primer cachorro llegaría en poco tiempo, estábamos preparadas 🤗.

Pasaron escasos 20-25 minutos y podía palpar el cachorro en el canal de parto, pero a pesar del buen trabajo de Mamba, el cachorro no salía. Pude percibir una membrana dura apenas en la entrada de la vagina, y entonces recordé las palabras de nuestro veterinario Danny cuando realizamos la inseminación artificial a Mamba, identificando himen hiper resistente en Mamba. Debido a su rigidez y consistencia firme y gruesa, el himen no se rompía y el cachorro no pasaba a través. Habitualmente, el himen se rompe durante la monta, o en su defecto, durante el parto, con la salida del primer cachorro; pero un hiper resistente, tal y como indica su nombre, ofrece mucha resistencia a romperse, y puede ocasionar problemas durante el parto, al impedir la salida del cachorro mientras la hembra sigue empujando.

Sin dudarlo un segundo, me preparé, cogí lo necesario y cargué a Mamba en el coche, conduciendo hacia la clínica como alma que lleva el diablo. Fue un trayecto de 20 minutos de locura, como os podéis imaginar, pidiéndole a Mamba que no siguiera empujando y prometiéndole que todo iría bien. En estos casos cada minuto cuenta, por el cachorro, que puede padecer sufrimiento fetal, y por la madre.

 

Cuando bajé a Mamba del coche asomaban por la vulva las dos patas de atrás del cachorro, de un color grisáceo, me temía lo peor.

Rápidamente pedí un box, y mientras nuestra vete terminaba su visita, me arremangué, me puse unos guantes y manos a la obra, masajeando el cuerpo del cachorro en el interior de la vagina intentando hacer hueco alrededor el himen para que su cuerpo fuera asomando hacia afuera. La bolsa seguía rodeando al cachorro pero la pared era muy fina y tenía muchos números de romperse. En una de las contracciones más fuerte y aprovechando que Mamba cogía fuerzas para empujar, conté hasta 3 y con suavidad envolví al cachorro con mi mano y tiré con cuidado, consiguiendo romper por fin el himen y liberando al cachorro de su peligroso cautiverio, que por fin, tras más de una hora en el canal, salía al exterior.

Mi temor, por suerte, desapareció al momento cuando, rompiendo la bolsa, pudimos comprobar que el cachorro estaba vivo 😍. Se movía con vitalidad y trepaba con fuerza, emitiendo gemidos sin cesar. Desde luego, buenos pulmones tiene. Tras cortar el cordón y limpiarlo, vimos que se trataba de una hembrita negra, de 376 gramos de peso; un buen tamaño y sin duda, la valentía y fuerza de una guerrera. Estaba viva, estaba bien; Mamba la limpió incesante y la alimentó desde el primer minuto, produciendo una enorme cantidad de leche. La pequeña no paraba de «hablar» y se movía con toda facilidad. Quedaban dos cachorros más 🫠.

Al cabo de 40-45 minutos pudimos palpar al segundo cachorro en el canal, muy cerca de nosotras, pero Mamba apenas tenía contracciones y empujaba de forma muy intermitente; cuando para colmo pudimos saber (porque vimos líquido amniótico salir) que la bolsa se había roto. Hasta pudimos identificar su boca, su lengua…estaba vivo, Mamba debía seguir empujando, pero parecía estar parada, descansando.
El tiempo pasó deprisa y ya casi se cumplía una hora y media desde el nacimiento de la primera cachorrita, cuando tuvimos que decidir qué hacer: entrar a quirófano, realizar una cesárea y sacar a los dos cachorros restantes, o probar suerte administrando oxitocina, para provocar más contracciones y cruzar los dedos para que Mamba hiciera el resto.

 

Este tipo de situaciones requieren ser racional, tener la mente fría, conservar la calma y tener la confianza de que lo que se decida, será lo mejor para todos, pero sobre todo para la mamá. Una cirugía es siempre la opción más directa, a veces más fácil, pero a menudo olvidamos de que se trata de una cirugía y que, como tal, también conlleva ciertos riesgos. Pensé en Mamba, una hembra más o menos joven, fuerte, y en forma, que ya había dado a luz a su primer bebé.
Tenía que probarlo, y decidí inclinarme por la oxitocina, para ayudar a la perra y darle la oportunidad de parir de forma natural. Siempre podíamos entrar a quirófano si no funcionaba, y la oxitocina solo se puede administrar en las primeras horas del parto, después pierde su efecto; y aún estábamos a tiempo.

Así que, le pusimos a Mamba una vía con fluidos, y acto seguido introdujimos la oxitocina. En menos de 3 minutos empezó a tener fuertes contracciones y en dos minutos más, el segundo cachorro, uno enorme, estaba fuera. Funcionó. Juntas, lo hicimos ♥️. El cachorro estaba inmóvil, y pudimos ver que venía bastante ahogado tras tanto rato sin bolsa dentro del canal, aunque por suerte y gracias a Dios, este venía de cara, y eso le dio la oportunidad de sobrevivir.  Tenía que sobrevivir.
Empecé con la reanimación y unos cuantos masajes sirvieron para, finalmente, darle la bienvenida a la vida. Eran las 19:40h , habían pasado dos horas desde el nacimiento del primero cachorro, y el segundo por fin estaba aquí 🥹.

Una enorme hembra de 500 gramos, de color hígado, se unía a nosotras con toda la calma del mundo, sin prisa y sin hacer ruido, contrastando con la primera hembra, que se movía por todo el box sin parar 🤪.
Las dos comían, estaban estables, y Mamba las limpiaba constantemente cuando decidimos volver a casa. El parto seguía activo, aún teníamos margen y solo quedaba un último esfuerzo, para terminar el parto con el cachorro número 3…después de esto, todas podríamos descansar. Fue cauto llevarnos una segunda dosis de oxitocina por si la cosa se complicaba, por lo que mantuvimos la vía de Mamba puesta.

 

Conduje hacia casa con las dos pequeñas en una caja llena de mantas y una bolsa de agua caliente; y con Mamba a mi lado, tranquila y soñolienta. Seguía con contracciones y empujando ligeramente a 5 minutos de llegar a casa, pero no había signos aparentes de terminar el parto en el coche (por suerte 😅).
Al llegar a casa acomodamos a Mamba y a sus hijas, lo pusimos todo en su sitio, le dime agua y comida, y esperamos. Eran las 20:45.
Durante unos 40 minutos, Mamba estuvo teniendo contracciones intermitentes, suficientemente fuertes para dejar salir a cualquier cachorro, pero insuficientes para este tercer cachorro, que se intuía también muy grande. Lo podía palpar casi a la salida del canal y la bolsa apenas asomaba cada vez que yo estimulaba a Mamba, pero en cuanto esta se relajaba volvía al interior. Decidí hacerlo fácil, y terminar rápido: Mamba estaba cansada y el cachorro andaba arriba y abajo; así que cogí la jeringa y, esperando que fuera suficiente, administré solo media dosis de oxitocina. Casi lo tenía, y media dosis tenía que ser suficiente para ayudarla.

No es bueno administrar oxitocina si no se conocen las condiciones del parto: en qué punto está, cómo está la hembra, cuántos cachorros quedan y cómo, etc. No es una solución  rápida a un problema puntual. No debe ser la alternativa fácil, porque también puede causar problemas serios si no se consideran pros y contras, si no se toman precauciones y se valora con cautela.

Apenas un minuto después, asomaba el tercer y último cachorro, completando un parto que a priori parecía tener que ser corto considerando que venían solo 3 cachorros; pero que terminó con algo más de cinco horas y siendo un tanto complejo, exigiendo mucho de la parte más mental de mí. Así, dimos la bienvenida a un enorme macho negro de también 500 gramos, igual que de grande que la segunda hembra, que cerró una pequeña pero bonita camada de 3 cachorros sanos, fuertes y de gran tamaño.

Las primeras 24-48 horas pasaron tranquilas, en calma, con Mamba haciendo un trabajo maravilloso, los cachorros cogiendo peso, sin complicaciones, y con tiempo para descansar. Es asombroso cómo estas experiencias y situaciones sacan la parte más racional, pero a la vez más emocional de nosotros. Cada parto es distinto, pero igual de salvaje y especial, y no puedo más que decir que me siento muy orgullosa de Mamba, sin duda, y también de mí misma por haber confiado en cada una de mis decisiones para sacar adelante y de forma exitosa, un parto que podría haber sido fatídico. Mami y bebés están bien y esa es la recompensa más reconfortante 💕.
Los nietos de Dom y Musa están aquí y no puedo ser más feliz.

 

Ahora toca disfrutar de estos tres cerditos como a nosotros nos gusta hacerlo, e ir planificando y organizando los pasos siguientes; pero siempre aprovechando cada minuto a su lado ✨. Bienvenidos pequeños.